Avatar...y Avasallar: El Cine de Hollywood.

Historia del cine y su desarrollo

11:34 PM, 26 de febrero de 2010, por Mario Ortíz Flores

No hay en el mundo manifestación artística y cultural de mayor influencia en la sociedad, que el cine.

Nacido, como industria, a inicios del siglo pasado y desarrollado a lo largo de sus primeras décadas, el cine se transformó rápidamente en una boyante industria en Estados Unidos y de ahí se expandió como tal al resto del mundo.

En sus inicios este medio fue una forma más de entretenimiento para llevar diversión a las grandes masas del público estadounidense, ávido de aprovechar mejor su tiempo libre, con actividades novedosas.

Sin embargo el cine fue y será siempre un reflejo de la sociedad en donde se genera esta expresión artística, por lo que los sectores de poder en el vecino país, muy rápido se dieron cuenta que el cine podía ser utilizado para otros fines menos cándidos y domésticos.

De esta forma las tendencias cinematográficas dominantes siempre estuvieron acordes a la situación sociopolítica que se vivía en Estados Unidos, por lo que en lapsos de conflictos armados en donde intervenía Estados Unidos, eran comunes las películas musicales, de fantasía y con grandes despliegas coreográficos.

Lo anterior con el fin de llevar distracción, ciertas dosis de alegría e incluso evasión a la gente, ante la realidad que se vivía.

De esa época podemos mencionar obras cinematográficas que se hicieron clásicas como “El Mago de Oz”, de 1939 (casualmente el año que inicia la II Guerra Mundial), la cual, basada en un popular cuento infantil, narra las peripecias de una niña de Kansas (Judy Garland), a quien un poderoso tornado lleva por los aires a un extraño país, en donde busca a un mago para que le ayude a regresar a su casa.

Otra película emblemática es “Cantando bajo la lluvia”, con Gene Kelly y Debbie Reynolds, estrenada también (1952) en medio del conflicto por la Guerra de Corea, el primer enfrentamiento indirecto que tuvo Estados Unidos con la Unión Soviética durante los primeros años de la Guerra Fría.

Este filme es considerado por algunos críticos como el musical hollywoodense más entrañable e importante de su género.

Durante la II Guerra Mundial, la temática del cine de Hollywood fue prolífica en temas que exaltaban el patriotismo y la valentía de las tropas estadounidense y sus aliados en Europa en contra del ejército invasor alemán.

Curiosamente este periodo correspondió también al “boom” del cine mexicano, llamado la “Época de Oro”, pues las cintas mexicanas sustituyeron temporalmente el abasto de este tipo de contenidos culturales a los mercados del consumo de este continente y de algunas otra partes del mundo, ya que la producción cinematografía de Estados Unidos tuvo una reducción sensible debido al conflicto bélico mundial, en donde hasta México participó en el frente del Pacífico con el famoso Escuadrón 201.

Así, las películas mexicanas, con sus canciones, valientes y arrojados charros y sus temas y paisajes campiranos, contribuyeron en esa época a reforzar los estereotipos del mexicano.

Sin embargo este auge del cine nacional fue temporal y al finalizar la Gran Guerra en Europa, Estados Unidos de nuevo retomó el liderato mundial en la producción de películas para todos los mercados, excepto los países más allá de la “cortina de hierro” y de la propia Unión Soviética.

Para entonces decir “Hollywood” ya era sinónimo para definir a la gran industria del cine y la televisión de Estados Unidos.

Este barrio o sector de Los Ángeles, tenía sin embargo desde tiempo atrás su vocación ya marcada.

En 1903 Hollywood se convirtió oficialmente en un condado cercano a Los Angeles, California y siete años más tarde sus concejales votaron a favor de su integración a aquella ciudad, debido sobre todo a la necesidad que tenían del abasto de agua a través de su red de suministro.

Fue también en ese tiempo, a inicios de 1900, cuando al poblado de Hollywood llegaron las primeras compañías productoras de cine, procedentes del otro lado del país, Nueva York y Nueva Jersey.

Uno de los motivos fue apacible y poco cambiante clima en esa parte del sur de California, donde el sol brillaba durante gran parte del año y había también más horas de luzl, lo cual era ideal para poder filmar durante mayor tiempo con luz natural, ya que en aquel entonces no se había generalizado aún la iluminación con electricidad.

El primer estudio en la zona de Hollywood se fundó en 1911 e inmediatamente siguió una verdadera avalancha, con la llegada de otros 15 estudios en ese mismo año.

Otra razón fue de tipo económico, ya que los empresarios de este ramo del entretenimiento habían visto ya el alto potencial económico del cine como negocio y a la vez como el nuevo arte preferido de las masas.

Hoy si bien ya no es un punto específico concreto, el poder de Hollywood como creador de modas, ideas, valores, estereotipos y referencias culturales, no sólo en Estados Unidos, sino a nivel mundial, permanece vigente.

Y no se trata solamente de las historias y mensajes de la poderosa industria cinematográfica estadounidense, sino del negocio y la parafernalia que esta conlleva.

En este sistema, previo a la realización de una película destinada a las grandes masas de espectadores, sobre todo las de corte infantil y juvenil, hay atrás toda una cuidadosa planeación para que determinadas cintas sirvan como pretexto para la venta de productos superfluos de consumo, como juguetes, ropa, accesorios diversos y música, entre otras cosas.

Sin embargo el fin del cine hollywoodense tiene otro objetivo aún más importante; el servir como vehículo de influencia y penetración cultural a nivel mundial.

Una de las premisas del régimen nazi en Alemania era la de ganar las “mentes” de los ciudadanos, para de esa forma poder conquistar totalmente a un pueblo o nación y no sólo mediante la fuerza de las armas y la represión. Con ese mismo fin el cine norteamericano sirve con frecuencia al gobierno y los intereses económicos y comerciales de Estados Unidos para influir en la gente e insertar la ideología, valores y formas de vida de este país al resto de las naciones del mundo.

Con ello, durante décadas el cine norteamericano ha impuesto a nivel mundial sus propias construcciones culturales y estereotipos, en donde el estadounidense es el hombre bueno, justo, noble, valiente y patriota que enfrenta y vence a enemigos internos y externos.

Recuérdese el caso de “Casablanca” (1942), con una genial interpretación de Humphrey Bogart como “Rick” , quien lucha contra la amenaza del fascismo y el militarismo alemán que se cernía sobre la Europa ocupada en las postrimerías de la II Guerra Mundial.

Por cierto “Casablanca” compite casi siempre con “El ciudadano Kane” de Orson Wells ( 1941) como la mejor película de todos los tiempos.

Y así como el llamado “séptimo arte” ha sido el principal medio de propaganda de la cultura norteamericana, también ha creado e impuesto determinados estereotipos de quienes Estados Unidos considera sus enemigos.

Durante las dos guerras mundiales fueron los alemanes y los japoneses, entre otros; luego en el periodo de la Guerra Fría, los soviéticos eran el enemigo a vencer junto con sus aliados de otros países bajo la esfera del comunismo.

En ese tiempo los temas recurrentes en el cine y la televisión se referían a aspectos como el espionaje y las conjuras o complots para acabar con la forma de vida norteamericana o “american way of life”, generando a su vez los medios masivos de comunicación este temor entre el publico estadounidense.

Desintegrada luego la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), entre 1989 y 1991, después de la caída del Muro de Berlín terminó en el mundo el equilibrio bipolar y Estados Unidos emergió como único y poderoso líder mundial en el campo militar, político y económico.

Sólo y sin enemigo a la vista de su calibre, la maquinaria ideológica estadounidense buscó rápido un nuevo oponente para justificar parte de sus historias en el cine y a la vez legitimar y convencer al público norteamericano de las bondades y beneficios de seguir manteniendo el más alto presupuesto militar del mundo, pese a que ya no existía el pretexto de “la amenaza del comunismo”.

Los nuevos enemigos del mundo libre, con Estados Unidos a la cabeza, claro está, fueron entonces las redes del narcotráfico mundial y el terrorismo, aunque en los últimos años se dio preeminencia a este último, sobre todo después de los ataques a las Torres Gemelas de Nueva York, el 11 de septiembre del 2001.

El narcotráfico sigue teniendo un bajo perfil como tema para la gran industria del cine estadounidense, por la simple razón de que Estados Unidos es el principal consumidor de drogas, aunque en ocasiones aparecen cintas en donde los malos son los narcos colombianos, los asiáticos o bien los cárteles de la droga en México.

Muy de vez en cuando, (como en Traffic, de Steven Soderbergh), una crónica amarga y llena de desesperanza sobre la lucha perdida contra la droga en Estados Unidos y México) se asume la complicidad evidente que tiene Estados Unidos en la distribución de las drogas en su propio territorio para llegar de esta forma masivamente a los consumidores norteamericanos.

El terrorismo por su parte se coloca como el gran enemigo de los países democráticos de occidente, lo cual se refleja en algunas temáticas recientes en el cine norteamericano, con cintas como “Las Torres Gemelas” de Oliver Stone y la cauda de historias fílmicas en años recientes que tienen como fondo la guerra en Irak.

Sin embargo la estructura cultural e ideológica del cine de Hollywood no se enfoca sólo a este tipo de aspectos, sino también a presentar a Estados Unidos como un ideal de paz y desarrollo, de buen nivel de vida, de gente atractiva, sana, preparada y competitiva.

En contraste, para el norteamericano promedio, México es un país de gente perezosa, poco confiable y pobre; los colombianos y sudamericanos están muy relacionados con el tráfico de drogas y los árabes por el sólo hecho de profesar esa cultura y religión, son potenciales terroristas y enemigos de Estados Unidos. Todo esto es reflejo y resultado de décadas de manipulación de contenidos e imágenes que muestra el cine estadounidense.

A su vez el cine de Hollywood muestra como ejemplo de la imagen del estadounidense a personas de tez blanca, por lo general de pelo rubio, ojos claros, con un buen físico, quienes viven usualmente en barrios residenciales con calles bien trazadas, limpias, con bellos jardines y árboles por doquier.

Los escenarios “exteriores” (todo se graba en estudio) de la serie de TV “Esposas Desesperadas”, son un buen ejemplo de estos contenidos, en donde se utiliza un exceso de iluminación para dar una imagen casi idílica de ese tipo de lugares.

En el mundo y la realidad creada por Hollywood, la gente es agresiva y competitiva; debe aplastar al contrincante al precio que sea, por lo que no hay espacio para los perdedores.

Se entroniza también el individualismo y el interés particular por encima de los de tipo comunitario. Las relaciones familiares se hacen a un lado y pasan a segundo o tercer término, por lo que, se señala en broma, hoy en Estados Unidos el único día en que se reúne toda la familia, es el Día de Acción de Gracias, el último jueves de noviembre.

Por coincidencia esta fecha marca en Estados Unidos el inicio de la carrera del consumismo, con el arranque de la temporada de ofertas de fin de año debido a la cercana época navideña.

Una manera de aceitar más este mecanismo para disparar el consumo, son precisamente las películas de corte infantil, ahora con imágenes creadas enteramente por computadora, moda iniciada en el año de 1995 con Toy Story.

Creada por la entonces desconocida empresa de animación digital Pixar y con el apoyo del gigante Watl Disney Pictures, la cinta se estrenó el 22 de noviembre de ese año y de inmediato se colocó como una de las más taquilleras de esa temporada de fin de año.

Esta película dio inicio a una nueva veta de cine infantil, que ya no iba dirigido sólo a los niños, sino a toda la familia, lo que aumentaba sus expectativas de ingresos en taquilla.

La novedad de las imágenes digitales hizo más atractivas las cintas y a la vez ayudó a un mayor impacto e interés en los consumidores para adquirir productos promocionales de las cintas, como ropa, juguetes, artículos decorativos y domésticos, entre otros.

Este fenómeno de la mercadotecnia ya se había visto y probados sus buenos resultados desde fines de los años 70, a partir del estreno de la película Star Wars ( La Guerra de la Galaxias), del joven director George Lucas, quien fue el primer en utilizar programas de computadora para la realización de escenas clave en esta cinta de ciencia ficción.

La película fue una locura en Estados Unidos y en casi todo el mundo, pues generó millonarias ganancias no solamente por la venta de entradas en las salas cinematográficas, sino por la cauda de productos y juguetes con el tema de la “Guerra de las Galaxias”, al grado tal que se ha generado una especie de subcultura en Estados Unidos y en muchos países, México incluido, alrededor de esta y las otras cinco películas restantes que forman la saga fílmica creada por Lucas, quien cuenta con millones de fanáticos y seguidores.

Toda esta serie de imágenes culturales generadas por el cine norteamericano han permeado en la visión que tiene el mundo de Estados Unidos.

La influencia de la cultura americana se encuentra mayormente marcada entre los jóvenes, lo mismo mexicanos, japoneses, europeos, sudamericanos e incluso de países árabes que son amigos y socios de Estados Unidos, así como de otras naciones asiáticas.

A la vez el avasallamiento cultural que el cine estadounidense representa en el mundo entero ha arrasado con las industrias cinematográficas nacionales.

Quizá Europa es la única región del mundo que no ha sido del todo colonizada en este aspecto, pues los espectadores siguen siendo fieles a las obras fílmicas que se producen en sus propios países, donde si bien esta actividad debe ser un negocio rentable para su subsistencia, también los europeos consideran al cine como una expresión artística y estética que debe reflejar además las culturas locales y su propia identidad.

Fuera de las naciones europeas, no hay otros cines nacionales que le hagan sombra al estadounidense, el cual engulle las taquillas de las salas cinematográficas en casi todo el mundo con su abundante producción de cintas de todo tipo y de variados temas.

Prueba palpable es el éxito cinematográfico “Avatar”, del canadiense James Cameron, quien acaba de darse un descontón él mismo, pues su cinta de ciencia ficción desbancó en semanas recientes a su otra película, Titanic (1997), considerada hasta ese momento como la más taquillera de todos los tiempos en la industria del cine mundial.

Doce años tardó Cameron en volver a filmar una cinta comercial y esta espera bien le valió la pena, pues su fantasía de Avatar sigue cautivando a millones de espectadores en todo el mundo y claro, recaudado millones y millones de dólares.

Poco original en su trama (no le recuerda a la historia de Pocahontas), la película es un clara representación del cruel y despiadado exterminio de los pueblos aborígenes que habitaban Norteamérica, primero por los conquistadores europeos y posteriormente por los colonizadores blancos de la naciente nación estadounidense.

Hoy, cuando ya se han cumplido más 100 años de la historia del cine y sólo imperan las cintas de una nación colonialista por excelencia, esta es una buena ocasión para reflexionar al respecto y enfrentar este amago que pretende convertirnos a todos en mansos espectadores, sometidos a lavados cerebrales desde uno cómodo sillón de cuero de una sala VIP.

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