El periodismo requiere vocación, pasión y sacrificio: lecciones de Kapuscinski.

Historia de mi vida.
1:38 PM, 21 de julio de 2010, por Mario Ortíz Flores
Ahora que se ha vuelto una profesión de alto riesgo el libre ejercicio de la actividad periodística en Chihuahua y en gran parte del país, conviene reflexionar sobre algunos porqués.
Me remonto en principio hacia fines de los años 70s. Vivía yo en Monterrey, estando por iniciar la preparatoria.
Lejos, muy lejos de ahí, en Centroamérica, se vivía una cruenta guerra civil que devastó a Nicaragua, donde se sostenía el dictador Anastasio Somoza, gracias al apoyo de Estados Unidos.
Un día del mes de junio de 1979, el corresponsal de una cadena noticiosa norteamericana, Bill Stewart, transitaba por una de las peligrosas calles de Managua abordo de un vehículo que traía rotulado la leyenda “Foreign Press” (prensa extranjera).
Un soldado le marcó el alto y ordenó a Stewart bajar de la unidad, de la cual descendió con sus credenciales de prensa en la mano y una pequeña bandera blanca, señalando al militar en su escaso español que era reportero y no hablaba su idioma.
Pese a esto el soldado le ordenó ponerse de rodillas y luego que se tirara al suelo boca abajo, en donde lo pateó fuertemente en uno de sus costados.
Pasó un instante, no recuerdo si serían unos segundos o minutos, cuando el soldado apuntó su rifle M-16 a la nuca del periodista estadounidense y lo mató a sangre fría.
Lo que si recuerdo como si fuera ayer, es haber visto el cuerpo de corresponsal estremecerse por el impacto del proyectil que le destrozó en parte la cabeza.
La escena fue transmitida por televisión en todo el mundo y a la postre fue el detonante para que Estados Unidos retirará su apoyo a Somoza, permitiendo tiempo después la toma del poder del Frente Sandinista de Liberación Nacional.
Si alguien me preguntara qué o cuando decidí ser periodista, yo le diría que fue precisamente en el momento en que presencié como televidente este hecho, a mis escasos 15 años.
¿Qué pensé en ese momento y porqué decidí así el rumbo que iba a tomar mi vida en el aspecto profesional?
Creí, al ver el sacrificio del periodista, que esta era una profesión de alto riesgo, con un sesgo de heroísmo y también de romanticismo, entendido este en el sentido de enfrentar peligros y amenazas que se presentan en el camino cuando quiere uno ejercer con libertad esta profesión, siempre como un servicio a la sociedad y para tratar de hacer valer el derecho de la gente de estar informada y de saber lo que ocurre.
Defender todo lo anterior a veces significa perder la vida, pero estaba de acuerdo en correr ese riesgo.
Bajo esa convicción, tres años después comencé la carrera de periodismo en la UANL.
Esa era mi visión en aquel momento y por fortuna tales ideas e ideales son hoy para mí todavía los mismos.
Hoy la profesión del periodista es más peligrosa y el principal riesgo son los acechos del crimen organizado que va creciendo en poder e influencia en el país y Chihuahua, evidentemente, no es la excepción.
“Minoría ridícula” llama el presidente Felipe Calderón a la delincuencia organizada. Quizá lo sea, pero que bien armada está y cuantos recursos económicos, operativos, logísticos y sobre todo, información, maneja, todo cual le permite actualmente manejarse en los hechos como un Estado paralelo al propio Estado mexicano y en esa lucha encarnizada han caído ya muchos periodistas en México, desde Mérida hasta Ensenada, como rezaba aquel añejo comercial de la TV.
Sobre la dimensión ética y humana del papel del periodista, sobre todo en un contexto de guerra, como en el que vivimos, pocos han profundizado y reflexionado tanto como el polaco Rysard Kapuscinski (1932-2007), con una prosa simple y directa.
Expone el periodista polaco, quien se especializó como corresponsal en decenas de guerras civiles: ¿Por qué tantas veces me jugué la vida, asomándome a los dominios de la muerte? ¿Acaso para dar fe de los misterios encerrados en el destino o para ganarme un sueldo?
Ni lo uno ni lo otro. Percibo mi trabajo como una vocación, como una misión. No me habría expuesto a tantos peligros si no hubiera sentido en el fondo de mi ser que me hallaba ante hechos de gran magnitud, ante algo que atañía a la historia contemporánea, es decir, a nosotros mismos.
Por eso, al igual que otros muchos colegas, fui más allá de lo que en el periodismo se considera razonable”. (El Mundo de Hoy. Editorial Anagrama, 2004).
Asienta además el autor: “Pero no se crea que siento predilección por el peligro. ¡No soy un suicida! El deber del reportero consiste en estar ahí donde ocurren los hechos trascendentales para dar testimonio de los mismos.
A veces me he sentido como un misionero cuyos actos están dictados por la pasión y el sacrificio, que es la única actitud posible en zonas convertidas en escenario de acontecimientos sanguinarios y dramáticos” (Ibidem).
Cuanto sentido y significado tienen ahora estas reflexiones del maestro Kapuscinski para los periodistas en Chihuahua.












